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Al comprar un producto ya sea en Amazon, en el Corte Ingles o en cualquier tienda de barrio, se trate de electrodomésticos, utensilios para el hogar o simplemente objetos para el disfrute de nuestros hijos, exigimos que ese producto esté en condiciones óptimas y  lógicamente que tenga una garantía o plazo de devolución por si este se estropeara.

¿Porque no somos capaces de hacer lo mismo con la clase política que nos dirige? ¿Por qué no aprovechamos la inteligencia que se nos presupone para exigir que cualquier acto, discurso o arenga sea considerado vinculante? ¿Hasta qué punto han dejado fritos nuestros cerebros para que aguantemos semejante vejación? 

Hasta hace bien poco, pensaba que la ciudadanía, el pueblo, era simplemente ignorante y así lo argumentaba en no pocos “debates” familiares. Ahora me doy cuenta de que estaba equivocado. La preeminencia, el influjo al que han logrado someternos es el culpable. El bombardeo constante al que nos someten con sus desproporcionadas corruptelas hace que perdamos el interés. La sociedad española simplemente se está dividiendo en “los unos y los otros”, no hace falta especificar más. De ello se está encargando la clase política en general y por supuesto los medios de comunicación.

Lo de la clase política está claro. O estás conmigo o estás contra mí. O estás en la bancada correcta, la de los defensores de la democracia, los de la integridad social, los del argumentário patriótico como  algo infalible para la efervescencia de sus señorías y ya de paso de sus simpatizantes, o estás en la contraria. Esta no es otra que la de los insurrectos, los que soflaman a las masas para que estas se alcen contra lo establecido, los que cualquier argumento que esgriman será tratado de mefistofélico, los que indudablemente tienen como misión el aniquilamiento de la nación y por supuesto no pueden ni podrán jamás, sacar a una nación como España, otrora azote de los mares, de la crisis tan profunda en  la que casualmente son coautores los de la otra bancada.

Más grave si cabe es el papel de los medios de comunicación. A mi modo de ver, se están convirtiendo en el pilar fundamental de la desinformación. Nos tienen idiotizados. La homogeneidad en las publicaciones de los principales medios de tirada nacional, es cuanto menos sorprendente. Ni tan siquiera se molestan en ocultar sus falacias en páginas interiores. A toda portada, nos presentan aquello que quieren que veamos. Da igual si eres o creías ser de izquierdas o de derechas, lo importante es que captes el mensaje, no perder el tren, sabedores que nadie les cuestionará, que nuestra retina se quedará con esa estampación con la que nos quieran inocular y que nuestro lóbulo occipital tratará de asimilarla sin importarle si es verdad o mentira ya que, al estar idiotizados, ni tan siquiera nos plantearemos realizar una simple labor de investigación o ni tan solo intentaremos contrastar dicha información.


El actual gobierno, al igual que hicieran anteriormente otros y por supuesto harán gobernantes venideros, se aprovecha del aturdimiento, de la parálisis a la que, eso hay que reconocérselo, han sabido contagiarnos.  

Si no somos capaces de alejarnos de esta modorra, tendremos siempre lo mismo, con diferentes caras pero siempre lo mismo. Aunque a juzgar por los resultados electorales, es posible que no exista daño o perjuicio y esté equivocado, quizás mi punto de vista no coincida con la realidad.






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